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Cultura Guarani

Kandavare

KANDAVARE

Basado en vivencias personales y en “La Belleza de los otros” de Ticio Escobar

“Hoy, la máscara del carnaval criollo protege la infiel máscara arawak que oculta el rostro ausente del antepasado guaraní.”
—Ticio Escobar, La Belleza de los otros

Un viaje hacia otro mundo

Estando en la comunidad de San Agustín, desayunando con RGM y FA, comentaba “Si me ofrecieran elegir entre un viaje a Dubái o a Pedro P. Peña, elegiría sin dudar Pedro P. Peña, sin dudar” En ese rincón del Chaco paraguayo, rodeado de monte y memorias hundidas por el río Pilcomayo, tuve la sensación de entrar a otro tiempo. Un tiempo más denso, más vivo. Uno que no mide su valor en minutos ni horas, sino en gestos, cantos y rituales que resisten.

Allí participé del Arete Guasu, también conocido como Kandavare, una de las fiestas más significativas del pueblo guaraní. Lo que viví superó cualquier descripción leída en libros.

¿Qué es el Arete Guasu?

El Arete Guasu, del guaraní ára (tiempo) y ete (verdadero), o bien ore aty (nuestra reunión), es una celebración que expresa un tiempo especial de comunión, libertad y conexión con los antepasados. Según Ticio Escobar en La Belleza de los otros, se trata de un “rito que celebra el verdadero tiempo y la reunión de la comunidad, lleno de danzas, música, máscaras y bebidas ceremoniales”.

Antiguamente, este tiempo sagrado era anunciado por la floración amarilla del taperiguá o kumanda y la maduración del maíz. Hoy, esas señales se ven alteradas por el cambio climático, pero muchas comunidades siguen buscando ese “tiempo verdadero” desde sus propios modos de vivir y resistir. 

Un rito en transformación

El Arete Guasu no es una postal ni un espectáculo para la mirada de los occidentales. Es un rito vivo que cambia, se adapta y a veces se disfraza para sobrevivir. En Pedro P. Peña, por ejemplo, presencié rondas de baile interminables, personajes enmascarados, tambores y flautas desde temprano. Sin embargo, elementos descritos en libros, de otras experiencias, como la chicha de maíz, el Kurusu Guasu o el Kereimbá ya no estaban presentes.

En su lugar, la cerveza circulaba en abundancia, y las lenguas se mezclaban: Nivaclé, Guaraní, Manjui. Según me contaron, esta convivencia diversa se intensificó tras la llegada de trabajadores de otras zonas para construir viviendas, muchos de los cuales se quedaron.

Como señala Escobar, no se trata de lamentar la “pérdida de pureza”, sino de entender que la fuerza del Arete reside justamente en su capacidad de transformación. La fiesta es indígena, andina, criolla y cristiana al mismo tiempo. En esa mezcla se afirma una identidad guaraní que resiste a las imposiciones culturales externas.

Máscaras, danzas y símbolos

Durante varios días, la fiesta se despliega en etapas: primero el convite, con rondas de danza, flautas, tambores y bebida compartida. Luego aparecen los personajes enmascarados que representan a las almas, a los ancestros, e incluso a los espíritus errantes.

El momento de mayor intensidad llega con la irrupción del Toro Toro y el Jagua Jagua, que atacan a los danzantes. En algunas versiones del rito, el Kereimbá, guerrero guaraní, interviene para proteger a la comunidad. En otras, como la que presencié, son las propias relaciones entre los cuerpos, los abrazos, los gritos y las risas las que contienen el caos y lo transforman en juego.

Finalmente, la procesión se dirige hacia una laguna, donde se arrojan máscaras y ofrendas. Ahí Nieves, me dió una planta y me dijo que pidiera un deseo antes de lanzarla al agua. Era un acto íntimo, silencioso, cargado de sentido.

El poder de la chicha (aunque ya no esté)

Históricamente, la chicha no era solo una bebida: era el centro del lazo comunitario. Como recuerda Escobar, durante la colonización los misioneros la combatían con furia porque sabían que romper los cántaros era romper la vida social del oka, la plaza, el corazón simbólico de la comunidad.

Hoy, aunque en algunas fiestas la chicha ha sido reemplazada o ausente, su espíritu sobrevive en otros gestos: compartir una bebida, abrir la ronda, bailar juntos, recordar a los que ya no están.

Arete Guasu: entre lo que se transforma y lo que se sostiene

Mi experiencia en Pedro P. Peña no fue una simple visita de curiosidad. Fue una entrada momentánea a un mundo donde los símbolos aún tienen peso, donde las máscaras no esconden sino revelan, y donde la memoria colectiva se mueve al ritmo de los tambores.

Como escribe Escobar, el Arete Guasu se protege a sí mismo disfrazado de carnaval criollo. Esa “máscara” le permite persistir, reconfigurarse y seguir diciendo lo que necesita ser dicho, aunque ya no siempre con los mismos elementos.

En un tiempo atravesado por la crisis ambiental, la migración forzada y la pérdida de referencias culturales, el Arete Guasu se erige como un espacio de reencuentro, de alegría, de libertad. Aunque el bosque devore pueblos, aunque el maíz no florezca, la fiesta sigue resistiendo.

Referencias:
Escobar, Ticio (2012). La Belleza de los otros. Asunción: CEADUC.
Experiencias recogidas durante el Kandavare de Pedro P. Peña (marzo de 2025)